Girondo

lunes, 5 de septiembre de 2016

Vivir loco y morir cuerdo




LAS DOS PLUMAS MÁS GRANDES  SE FUERON JUNTAS HACE 400 AÑOS
Shakespeare y Cervantes, creadores de cabecera de la literatura universal, el británico y el español, murieron el mismo año. Con motivo a tan importante aniversario, Proyecto LEE (LECTURA EN ESPERA) invita a realizar un recorrido virtual por dos obras cumbres de dichos autores:
  • “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes, es la obra más destacada de la literatura española y una de las principales de la literatura universal. El libro más traducido y editado luego de la Biblia.
  • “Romeo y Julieta”, de William Shakespeare, se ha convertido en la historia de amor por antonomasia, y puede afirmarse que su fama excede a la del mismo autor.
VIVIR LOCO Y MORIR CUERDO
La obra es curiosa… nos muestra que Don Quijote estaba loco; porque en su época, querer honrar un nombre y querer honrar el país o la patria era un asunto de locos; querer que un hombre tenga peso y valor era un asunto de locos. La primera gran “locura” es atreverse a Ser diferente, atreverse a vivir unos sueños que de tanto pensarlos, “le secó el cerebro”. Alonso  “se vuelve loco” y nace el Quijote.
La novela  arranca con un personaje de 50 años, que decide tomar un nombre, limpiar sus armas, darle un nombre a su caballo, y además dedicarle sus obras a una Dama. Casi no la conoce, pero resuelve que  se quiere enamorar de la Idea de una Dama; no de una mujer, sino de una Idea de una Dama, la llama Dulcinea del Toboso.
Luego convence de su “locura” a Sancho Panza; un vecino a quien le promete una ínsula o todo aquello que el destino y Dios le quiera dar. De tanto convencerlo y someterlo, Sancho decide seguirlo, primero por ánimos de lucro y luego por otros motivos. Lo cierto es que los dos juntos van a encarnar simbólicamente al ser humano: Quijote es ese conjunto de sueños que todos tarde o temprano tenemos –algunos los dejan ir y otros no–; y Sancho representa la carne, los sentimientos y los pensamientos comunes y corrientes, la realidad. El Ser Humano está compuesto “de lo uno y de lo otro”, de aquello que muere y de aquello que no muere. Hemos de creer que nos moriremos y que algo de nosotros no morirá. Si logramos entenderlo, éste es el juego de El Quijote y Sancho; aquello que es duradero y aquello que es perecedero.
El Quijote ha tenido que enfrentar, durante toda la historia, una adversidad permanente. El querer vivir sus sueños, que le han dado gran alegría y orgullo interior, no significa que ha llevado de la mano un éxito material, un reconocimiento social o incluso la superación de los males y los entuertos que decidió arremeter. El Caballero de la Triste Figura es el nombre con el que empieza a conocerlo todo el mundo. Es el “loco de la Triste Figura” porque muchas veces el querer vivir un sueño y un Ideal implica que a uno le tilden de “loco” o de “triste”.
Finalmente, la aventura del león prepara su camino de vuelta y lo habilita a morir. Lo que queda es muy poco para retornar a su casa, donde  vuelve a ser Alonso Quijano y acepta que todas sus locuras eran locuras.
De cómo don Quijote cayó malo y del testamento que hizo y su muerte
“Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba; porque o ya fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido o ya por la disposición del cielo, que así lo ordenaba, se le arraigó una calentura que le tuvo seis días en la cama, en los cuales fue visitado muchas veces del cura, del bachiller y del barbero, sus amigos, sin quitársele de la cabecera Sancho Panza, su buen escudero.[…….]
—Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de «bueno». Ya no soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya me son odiosas todas las historias profanas de la andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas leído; ya, por misericordia de Dios escarmentando en cabeza propia, las abomino.[…]
 En fin, llegó el último de don Quijote, después de recebidos todos los sacramentos, y después de haber abominado con muchas y eficaces razones de los libros de caballerías. Hallóse el escribano presente, y dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como don Quijote; el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu: quiero decir que se murió.
Viendo lo cual el cura, pidió al escribano le diese por testimonio como Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente don Quijote de la Mancha, había pasado desta presente vida y muerto naturalmente; y que el tal testimonio pedía para quitar la ocasión de algún otro autor que Cide Hamete Benengeli le resucitase falsamente, y hiciese inacabables historias de sus hazañas.
 Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero.
 Déjanse de poner aquí los llantos de Sancho, sobrina y ama de don Quijote, los nuevos epitafios de su sepultura, aunque Sansón Carrasco le puso éste:


Yace aquí el Hidalgo fuerte
que a tanto extremo llegó
de valiente, que se advierte
que la muerte no triunfó
de su vida con su muerte.
Tuvo a todo el mundo en poco;
fue el espantajo y el coco
del mundo, en tal coyuntura,
que acreditó su ventura
morir cuerdo y vivir loco.



 Y el prudentísimo Cide Hamete dijo a su pluma:
 -Aquí quedarás, colgada desta espetera y deste hilo de alambre, ni sé si bien cortada o mal tajada péñola mía, adonde vivirás luengos siglos, si presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para profanarte. Pero, antes que a ti lleguen, les puedes advertir, y decirles en el mejor modo que pudieres:
 ''¡Tate, tate, folloncicos!                                        
 De ninguno sea tocada;
 porque está impresa, buen rey,
 para mí estaba guardada.
 Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; solos los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevió, o se ha de atrever, a escribir con pluma de avestruz grosera y mal deliñada las hazañas de mi valeroso caballero, porque no es carga de sus hombros ni asunto de su resfriado ingenio; a quien advertirás, si acaso llegas a conocerle, que deje reposar en la sepultura los cansados y ya podridos huesos de don Quijote, y no le quiera llevar, contra todos los fueros de la muerte, a Castilla la Vieja, haciéndole salir de la fuesa donde real y verdaderamente yace tendido de largo a largo, imposibilitado de hacer tercera jornada y salida nueva; que, para hacer burla de tantas como hicieron tantos andantes caballeros, bastan las dos que él hizo, tan a gusto y beneplácito de las gentes a cuya noticia llegaron, así en éstos como en los extraños reinos''. Y con esto cumplirás con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que, por las de mi verdadero don Quijote, van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna. Vale.”

Parte II, Capítulo LXXIV- Miguel de Cervantes

LEE +El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha 1º Parte
El íngenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha 2º Parte

CONOCE +


Curiosidades sobre Miguel de Cervantes

>> Cervantes y su hermano vivieron en esclavitud desde 1575 hasta 1580 y solo fueron liberados tras el pago de un rescate (500 escudos).

>> Pese a que hay varios retratos y dibujos sobre su rostro no hay registros que confirmen el verdadero aspecto del escritor.

>> Fue apodado como “El manco de Lepanto” (1571) luego de recibir un disparo en la mano izquierda durante la batalla de Lepanto, pero nunca se la amputaron.

>> Miguel de Cervantes y William Shakespeare no coinciden en la fecha de muerte. El autor del Quijote falleció el 22 de abril de 1616 y fue sepultado un día después según el calendario gregoriano. Por su parte, el escritor de Romeo y Julieta, tomando en cuenta ese mismo calendario, murió el 3 de mayo.

>> Era tartamudo. En el prólogo de sus Novelas ejemplares lo explicó. "Será forzoso valerme por mi pico,que, aunque tartamudo, no lo seré para decir verdades".






No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario