Girondo

lunes, 5 de septiembre de 2016

Nunca hubo historia de mayor desconsuelo



LAS DOS PLUMAS MÁS GRANDES  SE FUERON JUNTAS HACE 400 AÑOS
Shakespeare y Cervantes, creadores de cabecera de la literatura universal, el británico y el español, murieron el mismo año. Con motivo a tan importante aniversario, Proyecto LEE (LECTURA EN ESPERA) invita a realizar un recorrido virtual por dos obras cumbres de dichos autores:
·         “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes, es la obra más destacada de la literatura española y una de las principales de la literatura universal. El libro más traducido y editado luego de la Biblia.
·         “Romeo y Julieta”, de William Shakespeare, se ha convertido en la historia de amor por antonomasia, y puede afirmarse que su fama excede a la del mismo autor.

Nunca hubo historia de más desconsuelo

Eterno símbolo del amor que brota incontenible contra toda fuerza opuesta, Romeo y Julieta dramatiza una leyenda popularizada en el Renacimiento por incontables relatos italianos, franceses e ingleses, en prosa y verso, pero que apenas sería hoy recordada si no hubiera inspirado esta primera gran pieza teatral de Shakespeare, donde resabios de la lucha feudal y destellos cómicos de sirvientes y camaradas se entremezclan magistralmente con el más bello canto al amor.

Romeo y Julieta es la historia de un amor que nace imposible y, signado por una serie de malentendidos, acaba con la muerte de los amantes. También es el arquetipo de la tragedia amorosa. Porque los dos adolescentes de Verona, que reavivan el odio entre las familias Montesco y Capuleto y subvierten el orden de la ciudad de Mantua, corporizan la pasión por excelencia; aquélla que desatiende consejos y órdenes públicos y quiere moldear el mundo a la medida de sus deseos.


       “Ante la tumba de Julieta, Romeo, que la cree muerta, toma un veneno y muere. Julieta, que seguía con vida, despierta…  (Julieta se levanta.)
Julieta.—¡Oh, padre de mi consuelo! ¿Dónde está mi señor? Recuerdo bien dónde debía estar yo y aquí estoy; pero, ¿dónde está mi Romeo?

Fray Lorenzo.—Se oye ruido, señora, salid de este lugar de muerte. Una fuerza sobrenatural que no hemos podido dominar ha torcido nuestros planes. Salid de ahí. Vuestro esposo está muerto junto a vos y también Paris. Venid. Haré todo lo necesario para que ingreséis en un convento. No hagáis preguntas, pues llega la guardia. No puedo quedarme más tiempo.

Julieta.—Id vos. Yo me quedo. (Sale el fraile.) ¿Qué es esto? ¿Una copa sujeta en la mano de mi amado? El veneno, ya veo, ha sido la causa de su muerte. ¡Qué cruel! Te lo bebiste todo sin dejar ni una gota para mí. Te besaré; quizás quede algo de veneno en tus labios (Lo besa.) Tus labios están aún calientes… (Se acerca el criado de Paris con la guardia.) Alguien viene. Tengo que ser rápida… ¡Oh, feliz puñal, esta es tu casa, ven a ella y dame muerte!
Se clava el puñal y cae.

Entran algunos guardias […] Entran el Príncipe […], Capuleto, su esposa y sirvientes.
Capuleto.—¿Qué es esto que tanto gritan ahí fuera?

Sra. Capuleto.—La gente en la calle grita «Romeo»; otros «Julieta» y otros «Paris». Y todos corren hacia nuestro panteón.

Príncipe.—Buscad y averiguad cómo se ha producido este crimen.
Guardia primero.— Soberano, aquí yace muerto el conde Paris, y Romeo, y Julieta, antes muerta y ahora de nuevo asesinada, todavía caliente. […]
Capuleto.—¡Oh, cielos! Mira, esposa, cómo sangra nuestra hija. Tiene un puñal clavado en el pecho.
Sra. Capuleto.—¡Ay de mí! Este espectáculo de muerte es como una campana que llama a mi vejez a la tumba.
Entra Montesco y sus criados.
Príncipe.—Ven, Montesco. Temprano te has levantado para ver caído a tu hijo y heredero.
Montesco.—Mi señor, mi esposa ha muerto esta noche porque no ha podido soportar el exilio de nuestro hijo. ¿Qué otra desventura amenaza mi vejez?

Príncipe.—Míralo por ti mismo.

Montesco.—¡Oh, hijo cruel! ¿Cómo has podido irte a la tumba antes que tu padre?
 En este momento, Fray Lorenzo y el criado de Romeo cuentan lo que ha sucedido entre los
enamorados, cuya raíz es el odio profundo entre ambas familias. Capuleto y Montesco dejan a un lado sus rencillas, ante la dolorosa escena de sus hijos muertos, y la tragedia termina con estas palabras del Príncipe:
Príncipe.—Una dolorosa paz trae la mañana. El sol apenado no asoma su cabeza. ¡Vayamos! Hemos de seguir hablando de estos hechos: algunos serán perdonados y otros castigados, pues nunca hubo una historia de más de consuelo…”

ESCENA III- Cementerio, con el panteón de los Capuletos- Romeo y Julieta-Shakespeare





MIRA+ La última escena
Romeo y Julieta 1968 –El final.


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